A los deportistas nos gustan dos cosas por encima de todo: entrenar y comer. Las dos nos hacen felices y las dos nos dan dolores de cabeza. Si entrenamos mucho estamos genial, pero nos quedamos sin fuerzas para el resto del día. Y si no entrenamos, estamos insoportables.

Con la comida pasa lo mismo, si comemos todo lo que nos gusta tenemos remordimientos. Y, sino lo comemos, estamos pensando todo el día en ello hasta que, finalmente, cedemos en nuestro intento de contenernos.

No nos equivoquemos, una dieta equilibrada es fundamental, pero no para los deportistas sino para todos.
A día de hoy existen cientos de dietas. Cada una de ellas es, según sus seguidores, la mejor. Pero, creedme el objetivo de tu dieta no tiene que ser que el día de la competición logres tu mejor tiempo. El esfuerzo es tan grande y la recompensa, tan poca que no vale la pena, si logras tu mejor tiempo ¡fantástico! pero no te obsesiones con la dieta.

Lo bueno del deportista aficionado es que práctica deportiva, salud y dieta tienen que ser iguales, saludables.

Lo bueno del deportista aficionado es que práctica deportiva, salud y dieta tienen que ser iguales, saludables. No te agobies con la dieta mágica. Céntrate en tener una dieta que te beneficie día a día para no ponerte enfermo, evitar lesiones y que te dé ese plus de energía para aguantar la jornada laboral y tu sesión de deporte. Aquella, donde comer lo que te gusta está incluido en el plan semanal. Una pizza será poco saludable pero ¡qué bien te sientes cuando la tomas! Luego, ya la quemarás con el siguiente entreno.

Venga, entonces ¿por dónde empezamos? Pues, por donde pocos lo hacen: análisis de intolerancia de alimentos. La prueba es fácil, te extraen sangre, la analizan y luego te dan un listado con tres columnas divididas en:

– Alimentos a los que tenemos intolerancia, lo que significa que su ingesta te resta energía cada día sin que te des cuenta.
– Alimentos que tu cuerpo no asimila del todo bien.
– Alimentos con los que tu cuerpo se encuentra fenomenal.dieta saludable deporteYo me centro en eliminar los primeros. Ya no por el rendimiento deportivo, más bien por mi salud. Luego me permito, sin abusar, los segundos, ¡no me imagino vivir sin chocolate!Y, por último,centro mi dieta en aquellos que me dan ese plus que necesito.

Más allá de hacer 5 comidas al día, algo muy recomendable, siempre intento acabar el día con una mínima sensación de querer comer más, eso me hace estar siempre más ligero al día siguiente.

Hay que adaptar siempre la ingesta de comida a tu volumen de entrenamiento. Entrenar mucho y comer poco es igual de malo que comer mucho y entrenar poco.

¿Sabes esa sensación de acabar un entreno y querer comerte una vaca? Pues significa que has hecho algo mal. La asimilación de la carga de trabajo, aeróbica o anaeróbica, que has realizado no ha sido la máxima posible.

Prisas. Siempre tenemos prisas para todo, a la hora de la comida, pasa lo mismo. Y eso nos perjudica mucho. Al final siempre acabamos hinchados y con la sensación de no haber digerido bien la comida, ¿quieres evitarlo? Prueba esto:

Palillos chinos, ¡te sorprenderán! Primero hay que coger práctica, ¡no es fácil dominarlos! Luego verás que necesitarás menos cantidad de comida para quedar satisfecho, la sensación de hinchazón desaparecerá, la digestión será mejor y te permitirá entrenar mejor. Ya sabes… para batir tu mejor marca en la próxima competición.

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