Las bicicletas no aparecen de manera espontánea en las ciudades.

Los cambios en el paradigma de movilidad de una urbe suelen venir motivados o bien por la acción ciudadana, la gestión política o bien la promoción privada. Cualquiera de estos agentes puede inocular el virus de la bicicleta y plantear un cuestionamiento del modelo imperante. En pleno auge de las dos ruedas, parece que la transición de una sociedad dependiente del automóvil hacia una que utiliza el coche cuando lo necesita es algo evidente. No siempre ha sido así. Generar cambios no es fácil. Cinco ejemplos inspiradores.

 #5. Dinamarca. Hay varios países en el norte de Europa que ostentan el título de embajadores de los pedales. Pero Dinamarca es quizá el más activo. Utilizando Copenhague como estandarte –en la capital se realizan a pedales 36 de cada 100 recorridos diarios–, el país nórdico se ha convertido en referencia. Los daneses no nacen con una bicicleta bajo el brazo. La promoción de las dos ruedas comenzó en los años setenta. Azuzados por la crisis del petróleo y preocupados por la seguridad infantil y los accidentes y atropellos ocasionados por los coches, los políticos del momento decidieron promocionar la bicicleta. El resultado: lideran el uso de la bicicleta en el mundo.

#4.Sevilla. Nadie apostaba por la bicicleta en la capital andaluza cuando el equipo municipal presentó su plan de movilidad en 2011. En cinco años, y tras mucha voluntad política y quejas de algunos vecinos, la ciudad hispalense pasó de no tener casi bicicletas por sus calles a liderar en España: un 6% del reparto modal, que define la manera en la que se mueven los ciudadanos de manera cotidiana, se realiza en bicicleta. Su ejemplo es inspirador para aquellos lugares en los que las dos ruedas no han tenido presencia. El secreto de su éxito se basa en la bicicleta pública, una consolidada red de carriles bici y en una ciudadanía que abrazó los pedales.

#3.Nueva York. Discreta y ladinamente la metrópoli más inquieta de Estados Unidos incorporó la bicicleta a su panorama urbano. Por un lado instaló la bicicleta pública y una red de carriles. Por otro, la responsable de movilidad, Janette Sadik Kahn a las órdenes del alcalde Bloomberg, inició una revolución urbana. Su estrategia se basó en cortar al tráfico y de manera temporal diferentes zonas de la ciudad. Esa restricción se mantenía en el tiempo y cuando los neoyorkinos disfrutaban del espacio público recuperado, la hacía permanente. Así consiguió eliminar varios carriles de coches de Broadway e instalar hamacas.

#2.Bogotá. Una vez a la semana desaparecen los coches de la capital colombiana. Los domingos, las vías son de las bicicletas. Son las Ciclovías, una propuesta que desde los años ochenta quita el protagonismo a los automóviles. Enrique Peñalosa, alcalde de la ciudad entre 1998 y 2001, revolucionó la movilidad en la ciudad promocionando la bicicleta, aportando seguridad para los usuarios y construyendo una profusa red de carriles bici. El ejemplo de la capital se extendió a varias ciudades colombianas y se convirtió en inspiración para el resto de Sudamérica, que incorporó las Ciclovías en muchas de sus ciudades.

#1.Londres. Con apoyo de una entidad bancaria, el alcalde de Londres sacó adelante el sistema público de alquiler de bicicletas. Bautizadas como BorisBikes, en honor al excéntrico primer edil de la capital británica, estos velocípedos han transformado la ciudad. Comenzaron a aparecer carriles bici, de color azul como el color institucional del banco, aparcabicis y bicicletas. Acompañando las dos ruedas se impuso la denominada congestion charge, una tasa que obliga a pagar por acceder al centro de la ciudad. El cambio urbano fue inmediato.

Autor: PABLO LEÓN